He aquí, pues,
Al creado para las pequeñas Kores y las islas del Egeo,
El amante del brinco de las corzas
Y adepto de las hojas del olivo,
El bebedor del sol y exterminador de langostas.
Heme aquí frente
Al traje negro de los facinerosos
Y el vientre vacío de los años, que abortó a
Sus hijos, ¡el grito erótico!
El viento desata los elementos y el trueno asalta la montaña.
¡Destino de los inocentes, otra vez solo, allí, en los Desfiladeros!
Abrí mis manos en los Desfiladeros
Y no vi otra riqueza, ni oí otra riqueza
Que frescos manantiales vertiendo
Granadas o Céfiros o Besos.
Cada cual con sus armas, dije:
Abriré mis granadas en los Desfiladeros
Apostaré los Céfiros como centinelas en los Desfiladeros
Liberaré los viejos besos santificados por mi anhelo.
El viento desata los elementos, y el trueno asalta la montaña.
¡Destino de los inocentes, eres mi propio Destino!.